sábado, 18 de abril de 2015

A Ado Sanz lo conocí personalmente en el pasado Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, cuando en un momento de receso coincidimos y hablamos un momento.

Me llamó la atención que era un hombre blanco y sin embargo en la televisión se veía más trigueño. Se lo comenté y no le encontramos explicación.

En los pases de Santiago de Cuba a la revista Buenos días, siempre me impresionaba su forma de conducir, con una gran naturalidad y vastos conocimientos de lo que decía, pero sobre todo, su gran capacidad para comunicar y su elegancia al vestir.

Después dejé de ver la revista de la mañana y lo veía en una que otra ocasión y siempre me llamaba la atención su profesionalidad, que desbordaba en un programa televisivo sobre temas de gran interés para la población, del cual vi un fragmento y sus dotes como comunicador le daban un toque de distinción al espacio.

Ahora Ado Sanz se ha ido, sin previo aviso, de repente, en la flor de sus 49 años acabados de cumplir el día antes de su partida, y sin conocerlo apenas, sin seguir su trabajo de forma sistemática, he sentido un dolor y una tristeza inmensos, porque un hombre bueno y querido parte, con una impresionante despedida de su pueblo, que desde ya lo añora.


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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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